


El Bestiario Velado

El dullahan: el jinete sin cabeza de los caminos irlandeses
Descubre al dullahan del folclore irlandés: el jinete sin cabeza, el carruaje de la muerte y las historias que muestran otras caras de la leyenda.

27 de septiembre de 2026
10 min






ay caminos que de noche parecen más largos. Caminas deprisa, convencido de que el ruido que acabas de oír es solo el viento, hasta que vuelve a sonar. Esta vez reconoces los cascos de un caballo.
Si pudieras ver quién se acerca, quizá desearías no haber mirado. Sobre la montura viaja un jinete sin cabeza. La lleva bajo el brazo, y sus ojos parecen mirar incluso allí donde la oscuridad no deja ver nada. Según una de las historias que hoy se cuentan sobre él, si se detiene y pronuncia un nombre, alguien va a morir.
En el folclore irlandés, dullahan es un nombre asociado con apariciones sin cabeza. El jinete es la más conocida, pero la palabra no es su nombre propio ni todas las historias lo muestran cabalgando. Quizá tú tampoco conocías el término. No pasa nada: confieso que, de haber escuchado los cascos detrás de mí, aprender a pronunciarlo no habría sido mi primera preocupación.
Porque a veces lo que se acerca es un carruaje. Otras, el encuentro toma un rumbo que nadie esperaría de un mensajero de la muerte. Antes de decidir qué harías si te lo cruzaras, será mejor conocer las historias que lo acompañan.
Ven conmigo. Mantendremos una distancia prudente.
El jinete que lleva su cabeza
Desde lejos podrías confundirlo con cualquier viajero que regresa tarde. Pero, cuando el caballo se acerca, descubres el espacio vacío entre los hombros del jinete. Su cabeza no ha desaparecido: la sostiene bajo el brazo.
En el relato que Thomas Crofton Croker dedicó a un jinete sin cabeza, esta conserva unos ojos enormes y se vuelve para mirar a su acompañante. No parece necesitarla sobre los hombros para saber adónde va. Una comodidad que yo no querría poner a prueba mirándolo de frente.

Lo más temido, sin embargo, no es que pase junto a ti. Es que se detenga. Según algunas de las historias que hoy se cuentan sobre el dullahan, cuando llega ante una casa pronuncia el nombre de alguien que está a punto de morir. Oír los cascos desde la ventana ya sería inquietante; escuchar que se interrumpen frente a tu puerta, bastante peor.
Y, si lo que se oye después no son cascos, sino ruedas, quizá estemos ante otra de sus apariciones.
Cuando se oyen las ruedas
Los cascos se alejan y estás a punto de seguir tu camino. Entonces oyes algo más: ruedas sobre la tierra. Por la curva aparece un carruaje oscuro. Lo tiran caballos sin cabeza y quien lleva las riendas tampoco tiene la suya sobre los hombros. En una descripción recogida por W. B. Yeats, incluso hay un ataúd sobre el carruaje.
Esta aparición recibe el nombre de cóiste bodhar, a menudo llamado «carruaje de la muerte». Thomas Crofton Croker recogió que verlo se consideraba un presagio de muerte o de alguna desgracia. Eso ya es motivo suficiente para apartarse del camino; el detalle que nadie querría comprobar es a qué casa se dirige.

Quizá esperabas que el dullahan fuese siempre aquel jinete solitario. Las historias irlandesas también lo sitúan conduciendo este carruaje, aunque no todas describen la misma escena ni anuncian exactamente lo mismo. Si escuchas ruedas donde creías que solo había un caballo, entenderás por qué te pedí que mantuviéramos una distancia prudente.
El látigo y la moneda
Imagina que el carruaje pasa tan cerca de ti que puedes distinguir al cochero sobre el pescante. Antes de que se aleje, hace restallar el látigo para apurar a los caballos. ¿Te quedarías mirando? Yo tendría que resistir la tentación.
En un relato recogido por Croker, un hombre observa el paso de un carruaje tirado por caballos sin cabeza. El cochero también carece de ella y maneja un látigo largo con el que azota a los animales. Al tomar una curva, la punta pasa tan cerca del testigo que casi le alcanza un ojo. No es difícil entender por qué, después de una experiencia así, alguien recomendaría dejar pasar el carruaje sin asomarse a verlo.
Las versiones que circulan hoy añaden un detalle aún más macabro: afirman que el látigo está hecho con una columna vertebral humana. Croker no lo describe así. En una de las baladas de su colección aparece una columna vertebral, sí, pero forma parte del propio carruaje. El látigo de hueso es una imagen posterior que no conviene confundir con lo que dice aquel relato.
Por suerte, esas versiones modernas también ofrecen una posible defensa: una pieza de oro, incluso una moneda arrojada al camino, haría retroceder al dullahan. No he encontrado ese remedio en las historias antiguas que he podido consultar. Puedes guardar la moneda en el bolsillo si te tranquiliza; yo haría lo mismo. Pero, si veo llegar el carruaje, primero me apartaré de la curva.

El jinete que retó a Charley
Con la moneda todavía en el bolsillo, quizá podamos volver a mirar hacia el camino. Thomas Crofton Croker recogió allí un encuentro muy distinto del que acabamos de imaginar: el de Charley Culnane, que regresaba a casa de noche cuando un jinete se puso a cabalgar junto a él.
Charley tardó en comprender qué tenía de extraño su acompañante. Le habló varias veces hasta que una voz respondió desde debajo del brazo del jinete. Allí llevaba la cabeza. Y, en lugar de anunciar una muerte, aquella cabeza terminó proponiéndole una carrera. Charley aceptó, preocupado sobre todo por si su vieja yegua saldría malparada. El desconocido le aseguró que estaría a salvo y ambos echaron a galopar entre zanjas y muros.
En plena carrera, el jinete gritó el nombre de Charley y le pidió que se detuviera. No era la sentencia que esperaríamos después de escuchar las versiones más populares. Le explicó que él y su caballo se habían roto el cuello cien años atrás y que, desde entonces, buscaba a alguien con el valor suficiente para cabalgar a su lado. Había encontrado por fin a ese compañero. Antes de desaparecer, prometió no abandonar a Charley ni a su yegua.

Charley contó lo sucedido en cuanto llegó a casa. Sus vecinos, sin embargo, sospecharon que la explicación de aquel jinete estaba más cerca de las bebidas que había tomado durante el viaje. Debió de ser frustrante: sobrevives a una carrera con un hombre sin cabeza y nadie te concede ni una noche de gloria.
La mujer del camino
Después de Charley, podríamos creer que ya conocemos las sorpresas que guarda este camino. Pero Croker incluyó en la misma sección dedicada al dullahan una historia en la que la aparición sin cabeza no monta a caballo: camina junto a él.
Larry Dodd regresa a casa al anochecer cuando ve a una mujer envuelta en una capa. Le ofrece llevarla sobre su caballo y ella acepta sin decir palabra. Al llegar a un tramo solitario, la mujer baja de un salto y se dirige hacia una iglesia en ruinas. Larry la sigue, empeñado en cobrarle el favor con un beso. Solo cuando logra alcanzarla descubre por qué la capucha ocultaba su rostro: no tiene cabeza.

Aún le espera otra sorpresa dentro de la iglesia. Allí ve figuras sin cabeza que bailan mientras otras juegan con las suyas. Larry cae entre ellas y acepta una bebida. Apenas intenta hablar, su propia cabeza se separa del cuerpo. Cuando vuelve en sí, ya es de día y la cabeza sigue donde debe estar, aunque el caballo ha desaparecido.
No sabemos quién era aquella mujer ni por qué iba hacia la iglesia. El relato tampoco se detiene a explicarlo: seguimos a Larry y sabemos de ella lo que él alcanza a ver. Pero su presencia importa. Nos recuerda que, antes de quedar reducido al jinete que anuncia la muerte, el dullahan daba nombre también a otras apariciones sin cabeza.
Un nombre, pero no un origen seguro
Después de conocer al jinete, al carruaje y a la mujer de la capa, la pregunta ya no es solo qué hace el dullahan. Es también por qué llamamos así a apariciones tan distintas.

Croker reunió esos relatos bajo el nombre de dullahan, aunque ni siquiera dio por resuelto el significado de la palabra. En sus notas recogió una explicación que la relacionaba con un carácter sombrío o iracundo y, acto seguido, puso en duda parte de esa etimología. No tenemos una traducción segura que revele, como por arte de magia, el origen del jinete.
Quizá hayas leído que el dullahan es la encarnación de Crom Dubh. Este último sí pertenece a las tradiciones irlandesas: en relatos recogidos durante el siglo XX aparece, por ejemplo, como un poderoso jefe pagano que se enfrenta a san Patricio. Su figura está ligada también a celebraciones de finales de julio y comienzos de agosto. Pero esas historias no nos dicen que se transformara en un jinete sin cabeza.
La conexión entre ambos resulta sugerente, pero no aparece en los relatos antiguos sobre el dullahan que he podido consultar. Eso no demuestra que nadie los haya relacionado antes; sí impide presentar la idea como el origen comprobado del jinete. Crom Dubh tiene sus propias historias y no necesita perderlas para convertirse en su pasado secreto.
Nos queda una criatura con varias formas de aparecer y un origen que no podemos cerrar del todo. Tal vez por eso cada época ha escogido qué parte de ella quería seguir contando.
El jinete sale del camino
Podríamos cerrar el grimorio aquí y dejar que el dullahan siguiera cabalgando por los caminos irlandeses. Pero la imagen de alguien que galopa de noche sin cabeza se ha vuelto demasiado poderosa para quedarse en uno solo. Eso no significa que todos los jinetes sin cabeza que encontramos en un libro o una película sean el mismo.
En La leyenda de Sleepy Hollow, Washington Irving nos lleva a Nueva York. Allí se cuenta que el jinete es el fantasma de un soldado que perdió la cabeza por el impacto de una bala de cañón. Persigue a Ichabod Crane; tras su desaparición, encuentran una calabaza rota junto a su sombrero. La historia conserva el encuentro nocturno y el miedo al jinete, pero le da un origen y un misterio propios. La versión animada de Disney también adapta el relato de Irving, no una historia identificada como dullahan.
Hay obras que sí toman el nombre irlandés. En las novelas japonesas Durarara!!, de Ryohgo Narita, Celty es una dullahan: una jinete sin cabeza que busca la suya por las calles de Ikebukuro. La búsqueda de la cabeza permanece, pero el camino rural se convierte en ciudad y la montura deja paso a una motocicleta. Esta vez, además, quien conduce es una mujer con una historia propia, no un presagio cuya única función sea anunciar la muerte de alguien.
Yo, personalmente, me acuerdo del jinete dos veces al año: cuando llega Halloween y cuando llega Navidad. En ambas ocasiones pongo Pesadilla antes de Navidad y veo a Jack Skellington desfilar por Ciudad de Halloween con una calabaza por cabeza. No es una aparición confirmada del dullahan, pero la imagen siempre me devuelve por un momento a aquel camino irlandés. Curiosamente, nunca me ha dado miedo: ni ahora ni cuando veía la película con cuatro años.

Si volvemos a oír los cascos
Ya es hora de dejar el camino. Antes de irnos, mira una vez más hacia la curva: seguramente imaginas al jinete que lleva su cabeza bajo el brazo. Es el dullahan más fácil de reconocer, el que ha llegado hasta nosotros entre cuentos, ilustraciones y nuevas historias.
Ahora sabemos que no es el único que aparece en los relatos. Hemos visto pasar un carruaje, conocido a una mujer que no necesitaba caballo y acompañado a Charley en una carrera que terminó de una forma inesperada. También hemos encontrado detalles que se repiten hoy sin que hayamos podido seguirles el rastro hasta esas historias antiguas. Nada de eso obliga a renunciar al jinete que imaginábamos al principio; nos permite mirarlo sabiendo que detrás de él hay más de un camino.
Si esta noche escuchas cascos a lo lejos, puede que recuerdes el nombre que acabas de aprender. Yo, por si acaso, esperaré contigo a que se alejen antes de cerrar el Grimorio.

Fuentes del archivo
Fuentes folclóricas y obras de consulta
Croker, Thomas Crofton. Fairy Legends and Traditions of the South of Ireland. John Murray, 1825–1828. Sección «The Dullahan».
Yeats, W. B. (ed.). Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry. Walter Scott, 1888.
National Folklore Collection. «The Story of Crom Dubh». Dúchas.ie.
Obras literarias y culturales mencionadas
Irving, Washington. «The Legend of Sleepy Hollow», en The Sketch Book of Geoffrey Crayon, Gent. 1820.
Narita, Ryohgo. Durarara!!. ASCII Media Works, 2004–2014.





