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El Bestiario Velado

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La osa que se convirtió en mujer: el mito de la fundación de Corea

Conoce el mito de Ungnyeo, la osa que se convirtió en mujer y dio origen al linaje de Dangun, fundador legendario del primer reino de Corea.

Una osa se transforma en la mujer Ungnyeo a la entrada de una cueva, mientras el cielo se abre sobre una montaña sagrada de Corea.

3 de octubre de 2026

13 min

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oy, 3 de octubre, Corea del Sur celebra el Gaecheonjeol, su Día de la Fundación Nacional. Su nombre puede traducirse como «el día en que se abrió el cielo» y conmemora el nacimiento legendario de Gojoseon, considerado el primer reino coreano.

Y, seamos sinceros, si una celebración comienza abriendo las puertas del cielo, era inevitable que acabara encontrando el camino hasta el Grimorio.

Sin embargo, para descubrir el origen de Gojoseon no basta con seguir al dios que descendió a la Tierra. También debemos prestar atención a alguien a quien los grandes relatos suelen dejar en segundo plano. Porque antes de que Corea tuviera fronteras, reinos o un nombre con el que aparecer en los mapas, una osa miró hacia el cielo y pidió convertirse en mujer.

No quería riquezas, un reino ni uno de esos objetos mágicos que siempre terminan causando más problemas de los que resuelven. Solo deseaba abandonar su forma animal y vivir como un ser humano.

Por supuesto, había una prueba.

La osa tendría que encerrarse lejos de la luz, alimentarse únicamente de ajo y artemisa y resistir durante cien días. Un tigre decidió intentarlo también, aunque pronto descubriría que desear algo y soportar el camino necesario para conseguirlo no siempre son la misma cosa.

La osa, en cambio, resistió y se convirtió en Ungnyeo, la mujer osa. Más adelante daría a luz a Dangun, el fundador legendario de Gojoseon. Pero antes de llegar hasta él, volvamos al momento en que el cielo se abrió y una osa decidió pedir algo que parecía imposible.

Conocemos esta historia gracias al Samguk yusa, una recopilación de leyendas, tradiciones budistas y relatos históricos elaborada por el monje Iryeon en el siglo XIII. El texto fue escrito muchos siglos después de los acontecimientos que sitúa en aquel tiempo remoto en el que los dioses descendían del cielo y los animales todavía podían llamar a su puerta para solicitar un cambio de especie.

Antes de continuar, conviene hacer una pequeña advertencia. La tradición sitúa la fundación de Gojoseon en el año 2333 a. C., pero no estamos ante una fecha demostrada por la arqueología. Pertenece al tiempo del mito, donde los calendarios y la historia no siempre mantienen una relación demasiado cordial.

Eso no significa que el relato tenga menos cosas que contarnos. Los mitos fundacionales no siempre explican cómo comenzó realmente un pueblo, pero sí pueden mostrarnos cómo decidió imaginar sus orígenes, qué valores quiso conservar y qué criaturas eligió para reconocerse en ellas.

Y en el origen de esta historia encontramos una montaña, un dios que deseaba vivir entre los humanos, dos animales frente a una puerta cerrada y una osa dispuesta a soportar la oscuridad para cambiar su destino.

El día en que se abrió el cielo

Según el Samguk yusa, todo comenzó mucho antes del nacimiento de Dangun. Hwanung, hijo de Hwanin, el señor del cielo, observaba el mundo de los humanos con un interés que debía de resultar ligeramente preocupante para quienes preferían mantener a los dioses a una distancia prudencial.

Hwanung deseaba descender a la Tierra y gobernar a sus habitantes. Su padre contempló las montañas y escogió para él un lugar adecuado en el monte Taebaek. Después le entregó tres sellos celestiales y le permitió emprender el viaje acompañado por tres mil seguidores.

Al llegar, Hwanung se instaló bajo un árbol sagrado y fundó la Ciudad de los Dioses. No descendió solo para ocupar un trono y dejar que los humanos resolvieran sus propios problemas —una costumbre bastante extendida entre gobernantes divinos y mortales—. Lo acompañaban los señores del viento, la lluvia y las nubes, y juntos se ocuparon de asuntos tan variados como las cosechas, las enfermedades, la justicia y la duración de la vida.

El texto asegura que gobernaban trescientas sesenta cuestiones humanas. No sabemos si alguien llegó a redactar una lista completa, pero parece razonable pensar que administrar el mundo exigía una cantidad considerable de organización celestial.

La llegada de Hwanung representaba algo más que la visita de un dios. El cielo había abierto sus puertas y su autoridad comenzaba a ordenar la vida sobre la Tierra. Allí donde antes se extendía un territorio habitado, empezaba a surgir una sociedad con leyes, cultivos y una forma de gobierno.

Fue entonces cuando una osa y un tigre se acercaron hasta Hwanung con una petición bastante poco habitual, incluso para alguien que acababa de descender del cielo acompañado por tres mil ayudantes.

Ambos querían convertirse en seres humanos.

Hwanung desciende entre el viento, la lluvia y las nubes mientras una osa y un tigre lo contemplan junto al árbol sagrado.
Hwanung descendió al monte Taebaek y, bajo el árbol sagrado, la osa y el tigre pidieron convertirse en humanos.

Cien días lejos del sol

Hwanung escuchó la petición de los dos animales y decidió ofrecerles una oportunidad. Para convertirse en humanos tendrían que refugiarse en una cueva, evitar la luz del sol durante cien días y alimentarse únicamente con veinte porciones de ajo y un manojo de artemisa.

No parece la dieta más recomendable, pero nadie ha acusado nunca a los dioses de diseñar pruebas pensando en la comodidad de sus participantes.

La osa y el tigre aceptaron las condiciones y entraron en la oscuridad. Durante un tiempo, ambos compartieron el encierro, el hambre y un menú que perdía rápidamente cualquier posibilidad de resultar apetecible. Sin embargo, el tigre no consiguió soportarlo. Abandonó la prueba antes de completarla y perdió la posibilidad de convertirse en humano.

La osa permaneció.

Una osa permanece dentro de una cueva junto al ajo y la artemisa mientras un tigre se marcha hacia la luz exterior.
El tigre abandonó la cueva; la osa permaneció en la oscuridad junto al ajo y la artemisa.

El relato no explica por qué su transformación ocurrió antes de que concluyeran los cien días. Quizá los dioses consideraron que veintiún días bastaban para demostrar la firmeza de su deseo. Lo único que sabemos es que la osa continuó soportando la oscuridad, el hambre y la incomodidad sin ninguna garantía de que la recompensa llegaría.

Después de veintiún días, su cuerpo se transformó y salió de la cueva convertida en una mujer. Desde entonces fue conocida como Ungnyeo, la mujer osa.

Podríamos pensar que aquí termina su historia. Ha superado la prueba, ha conseguido aquello que deseaba y, en cualquier cuento razonable, debería poder marcharse a disfrutar de su nueva vida. Pero convertirse en humana no significaba encontrar inmediatamente un lugar entre los humanos.

Ungnyeo estaba sola. No tenía familia ni nadie con quien formar una propia, así que regresó al árbol sagrado y comenzó a pedir un hijo. Hwanung escuchó sus oraciones, adoptó forma humana y se unió a ella. De esa unión nació Dangun Wanggeom.

El futuro fundador de Gojoseon descendía así del cielo a través de su padre y de la tierra a través de su madre. En él se encontraban la naturaleza divina de Hwanung y la naturaleza animal de Ungnyeo, aunque el relato ya la hubiera transformado por completo en mujer.

Dangun acabaría dando nombre al mito. Pero antes de que pudiera fundar ningún reino, Ungnyeo tuvo que convertirse en humana y decidir qué hacer con la vida que acababa de conquistar.

El reino que nació de una osa

El nacimiento de Dangun abre una nueva etapa del relato. A partir de ese momento, la mirada se desplaza hacia el hijo de Ungnyeo y hacia el reino que, según la tradición, llegaría a fundar.

Lo que sigue ya no cuenta la transformación de una osa, sino la conversión de su descendiente en antepasado de todo un pueblo.

Según la tradición, Dangun fundó Gojoseon y estableció su capital en Pyongyang antes de trasladarla a Asadal. Gobernó durante mil quinientos años y, al final de su vida, se retiró a las montañas y se convirtió en un espíritu de la montaña. Para entonces había alcanzado la respetable edad de mil novecientos ocho años.

Ungnyeo sostiene al pequeño Dangun ante una comunidad naciente, mientras Hwanung permanece detrás de ella.
Antes de ser madre del fundador de Gojoseon, Ungnyeo fue quien atravesó la prueba que hizo posible el comienzo del linaje.

Llegados a este punto, incluso el lector más optimista tendrá dificultades para fingir que seguimos dentro de una biografía convencional.

Estas cifras pertenecen al tiempo del mito. Dangun no representa únicamente a un rey, sino también el origen, la continuidad y la legitimidad de todo un pueblo. Esto no significa que Gojoseon fuera inventado por el relato. Las fuentes antiguas y los restos arqueológicos permiten reconocer la existencia de sociedades cada vez más complejas en el norte de la península coreana y el sur de Manchuria, así como la formación de una entidad política conocida como Joseon o Gojoseon.

Lo que no podemos demostrar es que ese reino naciera en el año 2333 a. C., que tuviera un único fundador o que Dangun fuera una figura histórica. La tradición y la arqueología no siempre recorren el mismo camino, aunque en ocasiones terminen observando un paisaje parecido.

Más allá de las fechas imposibles y los reinados de quince siglos, la elección de los padres de Dangun sigue siendo significativa. El primer gobernante no desciende únicamente del cielo: también es hijo de Ungnyeo. El mito sitúa así a una antigua criatura del mundo animal en el origen mismo de Gojoseon.

Por eso, hablar del origen legendario de Gojoseon significa hablar también de la decisión que tomó una osa mucho antes de que existiera ningún reino.

Y esa presencia en los cimientos del mito abre una pregunta inevitable: ¿por qué sus primeros narradores eligieron precisamente a una osa?

Lo que puede esconderse bajo la piel de la osa

Como ocurre con casi todos los mitos que han sobrevivido durante siglos, la historia de Ungnyeo no llega acompañada de un manual de instrucciones. El Samguk yusa nos cuenta lo que sucedió, pero no se detiene a explicar por qué una osa y un tigre querían convertirse en humanos ni qué representaba realmente su transformación.

Una de las interpretaciones más extendidas propone que ambos animales podrían haber representado a grupos o clanes diferentes. La osa estaría vinculada a una comunidad que terminó uniéndose al pueblo llegado con Hwanung, mientras que el tigre simbolizaría a otro grupo que quedó al margen de esa alianza.

La silueta protectora de una osa rodea una cueva donde Ungnyeo espera junto al ajo y la artemisa.
La osa puede representar un clan, un refugio o una segunda gestación, aunque ninguna interpretación puede demostrarse por completo.

Es una lectura sugerente: la fundación de Gojoseon ya no sería solo el nacimiento de un rey, sino el encuentro entre dos pueblos. El grupo procedente del cielo aportaría el gobierno, las leyes y los conocimientos necesarios para organizar la sociedad. La comunidad representada por la osa aportaría su vínculo con la tierra y se integraría en el nuevo linaje a través de Ungnyeo.

Sin embargo, no podemos saber si la osa y el tigre fueron realmente animales totémicos ni identificar con seguridad a los pueblos que podrían esconderse detrás de ellos. La teoría ayuda a interpretar el relato, pero no convierte sus símbolos en hechos históricos comprobados.

La transformación de Ungnyeo también puede entenderse como una segunda gestación. Entra en la cueva siendo una osa, permanece aislada de la luz y vuelve a salir con un cuerpo nuevo. La oscuridad no sería únicamente una dificultad que debe soportar, sino el espacio en el que una identidad termina para que otra pueda comenzar.

Su prueba habla, sobre todo, de paciencia. Ungnyeo no sabe cuándo llegará la recompensa ni recibe ninguna señal que le asegure que su sacrificio servirá para algo. Solo puede continuar. Su deseo de convertirse en humana no elimina el hambre ni la incomodidad, pero consigue ser más fuerte que ambas.

Vista de este modo, su paciencia no es pasividad. Cada día que permanece en la cueva vuelve a elegir aquello que desea, incluso cuando todavía no puede verlo. La transformación final convierte esa perseverancia en una virtud capaz de alterar no solo su cuerpo, sino también su destino.

También podemos encontrar en los padres de Dangun la unión de dos mundos. Hwanung desciende del cielo acompañado por sus sellos y sus seguidores; Ungnyeo procede de la tierra y conserva en su origen el vínculo con los animales. Su hijo reúne la autoridad celestial de su padre y la naturaleza terrestre de su madre.

Pero hay algo más en la historia de Ungnyeo que ninguna de estas interpretaciones termina de resolver. Ella desea convertirse en humana, supera la prueba y después desea ser madre. Sus decisiones ponen en movimiento todo el relato. Sin embargo, en cuanto nace Dangun, su voz desaparece y su transformación queda reducida al origen del futuro rey.

Podemos reconocer la importancia simbólica de la maternidad sin olvidar a la mujer que existe antes de ella. Ungnyeo no es relevante únicamente porque dio a luz al fundador de Gojoseon. Lo es porque deseó una vida diferente y estuvo dispuesta a atravesar la oscuridad para alcanzarla.

La historia que continuó transformándose

La historia de Ungnyeo comenzó mucho antes de que alguien decidiera escribirla. Durante siglos debió de viajar de una voz a otra, cambiando con cada narrador, hasta quedar recogida en el Samguk yusa durante el siglo XIII. Para entonces, la supuesta fundación de Gojoseon pertenecía a un pasado tan lejano que resultaba imposible separar el recuerdo histórico de aquello que el mito había tejido a su alrededor.

El monje Iryeon compiló esta obra durante la dinastía Goryeo, en una época marcada por las invasiones mongolas. Recuperar las historias antiguas de la península permitía conservar algo más que un conjunto de leyendas: ayudaba a construir una memoria compartida en un momento en el que la identidad del reino se encontraba amenazada.

El relato de Dangun también apareció en otras obras medievales, como el Jewang ungi, y continuó adquiriendo nuevos significados con el paso del tiempo. Durante el siglo XX, su figura se convirtió en un símbolo de la antigüedad y la unidad del pueblo coreano. La fecha tradicional de la fundación de Gojoseon terminó vinculándose con el Gaecheonjeol, celebrado oficialmente en Corea del Sur cada 3 de octubre.

Durante siglos, esas reinterpretaciones se concentraron sobre todo en Dangun como padre de la nación. Ungnyeo permaneció vinculada al origen, pero pocas veces recibió el mismo espacio para ser contemplada como protagonista de su propia historia.

Algunas investigaciones contemporáneas han comenzado a cuestionar ese reparto de la luz. En 2012, la investigadora Kang Young-kyung propuso leer a Ungnyeo como una figura activa que toma decisiones, supera su transformación y participa en la fundación del nuevo pueblo, no como una presencia secundaria cuya única función consiste en dar a luz a Dangun. Se trata de una interpretación académica, no de una verdad definitiva sobre el significado original del mito, pero permite contemplar a Ungnyeo desde un lugar diferente.

Esta recuperación continúa en iniciativas más recientes. En 2026, el Instituto de Religión y Género y Academy Halmi organizaron un curso dedicado a las mujeres presentes en los mitos fundacionales de la península coreana. Su propuesta resulta especialmente significativa porque invita a hablar del «mito de Ungnyeo» en lugar de limitarse al «mito de Dangun». No parece existir todavía un movimiento amplio organizado exclusivamente alrededor de su figura, pero sí una corriente académica y cultural interesada en devolver a estas mujeres el lugar que ocuparon en sus propias historias.

No se trata de borrar a Dangun ni de sustituir un protagonista por otro. Se trata de recordar que antes del nacimiento del rey hubo una osa que deseó cambiar, una mujer que pidió ser madre y una voluntad capaz de atravesar la oscuridad sin saber qué encontraría al otro lado.

Ungnyeo sale iluminada de un antiguo manuscrito mientras Dangun y Hwanung permanecen representados en sus páginas.
La memoria cambia según a quién concede el centro del relato: volver la mirada hacia Ungnyeo también transforma el mito.

Quizá los mitos no cambien cuando modificamos sus palabras. Pero sí pueden hacerlo cuando decidimos sobre quién dejamos caer la luz.


Fuentes del archivo

Fuentes principales y traducciones

Ilyon. Samguk Yusa: Legends and History of the Three Kingdoms of Ancient Korea. Traducción de Ha Tae-Hung y Grafton K. Mintz. Yonsei University Press, 1972; reedición de 2006.

Buswell, Robert E. Jr. et al. Vestiges of the Three Kingdoms of Ancient Korea: A Translation of the Samguk yusa. University of Hawai‘i Press, 2025.


Estudios e interpretación

Grayson, James H. Myths and Legends from Korea: An Annotated Compendium of Ancient and Modern Materials. Curzon Press, 2001.

Grayson, James H. «Tan’gun and Chumong: The Politics of Korean Foundation Myths». Folklore, vol. 126, n.º 3, 2015, pp. 253–265.

Grayson, James H. «Invading Mongols and the Preservation of Korean Traditions: The Monk Iryŏn and the Memorabilia of the Three Kingdoms». Folklore, vol. 128, n.º 1, 2017, pp. 1–15.

Kang Young-kyung. «The Role of Ungnyeo in the Dangun Myth». Women and History, n.º 16, 2012, pp. 37–68.


Fuentes institucionales y contemporáneas

Korea.net. «Array of events commemorate Nat’l Foundation Day». 2019.

News1. «Desde Ungnyeo hasta Heo Hwang-ok: un curso recupera a las madres fundadoras». 2026.

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Otras criaturas aguardan detrás del velo.

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